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domingo, 24 de noviembre de 2013

Un tortazo a tiempo y la violencia de Estado

Viendo las dificultades que tenemos los seres humanos para comunicarnos, pienso... Mmmm... Si no estuviera mal visto, si no temiéramos las represalias legales, ¿cuántos fallos de comunicación entre 'adultos' acabarían en un tortazo?

Me refiero a un tortazo de ésos denominados "a tiempo". Como ésos que damos a los niños con total impunidad. Como esas guerras que algunos llaman preventivas. Como la violencia que ejerce el Estado contra todos nosotros, día a día, creyendo que somos niños a los que educar y reprimir.

¿Por qué no?

La teoría del 'tortazo a tiempo' es perfectamente aplicable a nosotros (los "adultos") desde esa posición jerarquizada y paternalista que ostentan aquéllos a los que llamamos "nuestros gobernantes". Porque, claro, como muchos de nosotros no sabemos lo que hacemos y tenemos que aprender a ser lo que se espera que seamos... ¡Zasca! Porque, por supuesto, el fin siempre justifica los medios. Todo el mundo lo sabe.

Como ya escribiera una vez, me reafirmo en mi percepción: los padres son los antidisturbios de la infanciaQuizás esta analogía no funcione a la inversa... pero algo de paternalismo sí que parece haber en el hecho de querer disolver una manifestación, sea como sea, para "evitar males mayores", ¿no?

Justificación de la violencia, al fin y al cabo. No tengo que darle más vueltas.

Quizás por esa irremediable tendencia que tengo de posicionarme del lado de la víctima llego a este tipo de pensamientos. Pero es que... no sé... Me niego a caer en ese relativismo exculpatorio que justifica que cada quien haga lo que le venga en gana, porque cada cual tiene su punto de vista sobre lo que está bien y lo que está mal y no eres quién para meterte en cómo un padre educa a su hijo... o un marido a su mujer... o un Estado a su pueblo.

Independienteme de las razones que se quieran dar, de las justificaciones o explicaciones supuestamente lógicas que se arguyan... quien recibe una hostia es siempre para mí la víctima. Ya se trate de un niño, una mujer, un perro, un país... Máxime cuando esa hostia se da desde una posición de poder donde es impensable recibir otra de vuelta.


Foto: Diseño de burningties.blogspot.com.es

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