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jueves, 17 de abril de 2014

Por qué nos gusta la música

Sin previo aviso. Así golpea la música.

De pronto un día, rebuscando apáticamente, te encuentras con una melodía que te exprime por dentro y te hace llorar sin esperarlo. Y te vas flotando a otra parte, mientras se imprimen imágenes aleatorias detrás de tus ojos, como en un cine privado. 


Y se te altera el pulso. 

Y se te eriza la piel.

Y liberas entre espasmos una carcajada que te redime de ti mismo. Al fin.

Y te dejas llevar por esa borrachera, ese subidón, esa corriente de viento que hace golpear puertas y ventanas dentro de tu cabeza, recordándote cuántos rincones has dejado sin barrer, levantando el polvo, las pelusas, los tiquets de la compra engurruñados... Llenando ese espacio en el que habitan tus pensamientos, sueños y recuerdos de un auténtico y maravilloso caos.

De pronto un día te encuentras con una melodía que te exprime por dentro. Y puedes sentir la infinidad del Cosmos y tu infinita pequeñez con la misma certeza con la que aprietas una copa de vino entre tus manos. Y miras allá arriba, a esa enorme y redonda luna anaranjada, que te observa silenciosa mientras parece asentir, complacida. Y parece que por fin te das permiso para disfrutar de ese fugaz momento de plenitud en el que, sólo gracias a la música, has saboreado por un instante todas las emociones que azotan a este planeta de agua.




Max Richter - The Four Seasons

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