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sábado, 6 de diciembre de 2014

Día C

¿Saben, sus señorías, qué hubo durante varios años sobre el televisor de mi casa, siendo yo muuuy peque?

No, no era una muñeca sevillana. No, tampoco un toro de Osborne.


Sobre una peana, encima de la tele, presidía el salón una edición reducida de la Constitución Española, una como ésta que aparece en la foto. Supongo que llegaría a casa de manos de mi madre, que por aquel entonces colaboraba llena de ilusión y deseos de cambio en una pequeña y recién creada oficinita-delegación del PSOE en nuestra ciudad. Aún la conservo, aunque en estos momentos está dentro de una caja de cartón esperando una nueva mudanza (la Constitución, no mi madre), y he tenido que conseguir su foto en internet.





Cuando en el cole, llegado este día, nos pedían la habitual redacción, yo sentía que tenía algún tipo de conexión especial con ese librillo. Lo ojeaba de nuevo y me inspiraba para escribir sobre lo bueno que es respetar a todo el mundo, construir juntos una sociedad de convivencia e igualdad... y bla bla bla.

Sí, era muy Mafalda (o más bien Felipe) por aquel entonces.

Hoy los televisores no dejan espacio para poner cositas encima y quienes nos gobiernan tampoco dejan espacio para construir esa sociedad de convivencia por la que nos hacían apostar en cada redacción, cada dibujo (obligado) del 6 de diciembre.

Así que, sus señorías, no se extrañen de que aquéllos a los contaron el cuento de la Constitución, aquéllos que creyeron en la supuesta igualdad ante la ley de todos los españoles, reclamen hoy lo suyo. Si hacen creer a un niño que con una capa atada al cuello puede volar... es previsible que acabará lanzándose por la ventana con una sonrisa en la boca.

Las urnas dirán si nos estrellamos o no contra el suelo.
Nos vemos en unos meses, sus señorías.

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